En
la taberna
de
un distrito sin nombre,
al
calor de una timba
y
un vino de garrafa,
unas
cuantas soledades
se
disfrazan de compañía
en
una danza repetida
y
monocromática
Envidan
cantilenas
de
sirenas al compás
de
brindis al sol
y
capotes a la luna
del
cristalino de sus resacas,
enlutadas
de efluvios
de
alcohol y ficciones
Existen
cantinas
de
barrio
en
cada ciudad,
pobladas
de desiertos
en
torno a una mesa,
mientras
el carrusel
de
la indiferencia
se
condensa
en
la retina del tiempo
De "Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Francisco J. Picón
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