Improntas a dos voces

Trabajando en nuevos proyectos:
"Rimas restadas"
"A rima de tweet"
"Bitácora de un superviviente"
"El rubor en mis pupilas"
"Entre dos aguas"
"Tres palabras"
"Versos depurados"
"Al este del moncayo"
"Al otro lado del abismo"
"Desmemoria de un confinamiento"
"Diálogos de la afonía"
"El insomnio del silencio"
"Eso que algunos llaman amistad"
"Levedad ausente de tweets"
"Micro-rimas en prosa"
"En la caída 2.0"
"Relatos sin dueño"
"Es tiempo de mojarse"
"Vérsame en los labios"

"Tan solo cierro los ojos
para no renunciar a contemplarte"

Fran Picón
"Pellem (In deversorium sensuum)".

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martes, 18 de octubre de 2011

Fernando Ainsa, gran escritor y crítico literario, reseña mi Alambique de vestigios


LA POESIA COMO ESENCIA DESTILADA
Alambique de vestigios de Francisco Picón
Feliz y significativo hallazgo el título de ALAMBIQUE DE VESTIGIOS. Concebir la poesía como un alambique que destila en concentradas esencias, experiencias, vitales y sentimientos acumulados a lo largo de la vida, esos “vestigios” que sobreviven mientras otros desaparecen en la niebla del olvido, es todo un proyecto de poética personal que Francisco Picón desarrolla con pasión y empeño. La lectura de este poemario a partir de un soliloquio que recoge “briznas  de escoria” y le confirma desencuentros, amores desairados e intensos momentos donde la saliva (esas “gotas de rocío”), es eficaz lubricante que desencadena efímeros encuentros eróticos, lo prueba y hace.
Picón nos zarandea: ora nos eleva a las cumbres de un amor logrado y entusiasta, como nos hunde en el desencanto o nos anuncia una “cantata de retirada” en las “destiladas sonrisas en el chaflán del tiempo”. Pese a ese desconcertante zarandeo de emociones, sabe que “siempre/ existe un camino,/ no lo dejes/ al azar” y que en muchos pequeños gestos cotidianos (una taza de café, una ducha matutina) se  esconde el secreto de la supervivencia, esa frágil tela de araña tejida sobre el abismo de la existencia. En esa oscilación entre la alegría y la tristeza que bordea la depresión, el poeta escudriña buscando “la huella del hombre que soy”. En los besos “viudos de lengua”, en el espejo que asegura “intimidad”, en la distancia, ese “puñal clavado” en la memoria, en los “rincones del hastío” se busca en logradas imágenes y metáforas con que destila los “vestigios” en el “alambique” de su poesía. Si al cabo no se encontrara a sí mismo, no importaría: en el camino de esa búsqueda el poeta ha logrado un excelente libro, lo que —en definitiva— es lo que importa.
Fernando Aínsa, Escritor y crítico (Zaragoza, octubre 2011)