Grité
una noche
esperando
réplicas
en
el silencio
lóbrego
de la duermevela
y
me respondió
el
sueño del colapso
del
tiempo
que
se desvanece
cada
amanecida
Una
intrascendente
resaca
de almohada
y
sábanas
con
arrugas de vigilias
aturdía
mi
mirada perpleja
Grité
esa noche
un
lamento de furia
enquistada
de
rutinas y sinsabores
y
el eco de la indolencia
ensordeció
mi orgullo
Esa
alborada
huí
de la rebeldía
de
mi mocedad
para
amarrar mi temple
en
la decrépita
costumbre
de la lucidez
Y
mi grito se sofoca con la brisa de la edad
De "Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Francisco J. Picón
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