I
En la colmena
inconsistente de la ciudad
zozobra la galera vetusta
de mi soliloquio
briznas de escoria
se asientan en la mirada
de mi desabrigo
una dócil hipotermia
en los poros de mi piel
refrenda mi frustración
(revolotean en mi entorno
holgazanes imprudentes
en busca de camastros
sin inquilino)
una insustancial brisa
repele los perfumes
indefensos
de mi albedrío
mientras,
ceñido al silencio,
abandono mi sueño
en brazos de la indolencia
y una nueva alborada
desvanecerá mis espectros
al calor de la rutina.
II
Olor a quimera
y desencuentro,
un ramito de vestigios
(en el rincón desubicado)
guarnece el silencio
de voces
a destiempo
la carcoma,
radicada en
la memoria,
nutre de olvidos
los recuerdos
una silla ociosa…
las huellas en los tapices
de la habitación…
rémoras de cuerpos
enmohecidos de intemperie
y tedio…
una fragancia de fiasco
en la hipófisis haragana
del engreimiento…
estampas omnipresentes
de la madurez.
III
Tintinea el motor
de un coche,
alejándose en la distancia
cuchicheo perseverante
en la retina
de una mirada abrumada
mis pies persiguen
el sonido atenuado
mi instinto abandona
la gruta de la conciencia
y llovizna en el cristalino
de mi delirio…
… mientras,
el traqueteo
del vehículo remoto
se asfixia en la lejanía,
el letargo conquista
los meandros de mi consciencia.
IV
Reminiscencias
entre lluvias ambiguas,
salobres de entonces.
rocíos de mañana,
lágrimas volátiles
de un hoy,
de un ahora.
Bagaje,
arduo y plúmbeo,
envileciendo
lances venideros,
trascendiendo
recatos y aprensiones
de un antaño profundo.
Lastre
instintivo y traicionero,
gravando
propuestas y afanes,
fortunas y talento,
órdago funesto
cursado a los sentidos.
Añoranzas
disipadas en el arquetipo
del tiempo…
"Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Fran Picón