Improntas a dos voces

Está a punto de cumplirse uno de mis sueños: publicar con Olifante Ediciones de Poesía; mi nueva aventura es "Instantáneas entre penumbras".
Tendido aquí en la arena,
mientras veo volar
las gaviotas
me pregunto: ¿y el mar,
sabrá volar el mar?

(José Corredor-Matheos)

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miércoles, 28 de agosto de 2013

RETRATO DE UNA CIUDAD CUALQUIERA

Caminas por las aceras
de una ciudad cualquiera
y miras en la distancia
tantas soledades
colectivas

Observas un hombre,
descuidado y absorto
en su mundo de prisas
y estrés,
avanzando entre
el gentío hacia
ninguna parte

Te detienes junto
a un portal vacío
a mirar los cristales
y ver la vida pasar
a través de su reflejo

En la otra acera,
un vendedor de cupones
proclama la suerte
efímera del dinero
y el azar

Las soledades colectivas
avanzan en el día a día,
ignorantes
y orgullosas, sin rumbo
definido

En las ciudades
cualquiera,
las aceras nunca
están solas,
se abarrotan de huellas
de anonimatos
y ausencias

Y tú sigues caminando,
absorto en tu soledad,
pagado de ti mismo
pues crees saber
que no estás solo.

Ignorante tú,

¡como tantas soledades!

De "Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Francisco J. Picón
Todos los derechos reservados en el Registro de la Propiedad Intelectual

sábado, 17 de agosto de 2013

INDIFERENCIA

En la taberna
de un distrito sin nombre,
al calor de una timba
y un vino de garrafa,
unas cuantas soledades
se disfrazan de compañía
en una danza repetida
y monocromática

Envidan cantilenas
de sirenas al compás
de brindis al sol
y capotes a la luna
del cristalino de sus resacas,
enlutadas de efluvios
de alcohol y ficciones

Existen cantinas
de barrio
en cada ciudad,
pobladas de desiertos
en torno a una mesa,
mientras el carrusel
de la indiferencia
se condensa

en la retina del tiempo

De "Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Francisco J. Picón
Todos los derechos reservados en el Registro de la Propiedad Intelectual

jueves, 8 de agosto de 2013

LA ESTELA DE LA TRANQUILIDAD

Si disfrutara del don
de conocer cuanto veo
sin el prisma
del prejuicio
ni el tamiz
de mi cultura,
miraría tras el cristal
de mi tragaluz
sin aprensión, ni pudor.

Si me confiriesen el valor
para afrontar la vida
sin traumas, sin discordias,
sin  repetidas derrotas
en la comisura de la mirada,
progresaría por la senda
de mi presente
hacia el mañana espontáneo
de la perplejidad

Si mis manos arrullasen
la piel de la autenticidad
entre las sábanas
del tiempo perdido
y la saliva de las prisas,
ceñiría cada momento
sin pausa ni cobardía,
sintiendo los latidos
y el pulso de mi suerte

Si supiera estrujar
cada segundo
de mi existencia,
descubriría,
sin titubeo,

la estela de la tranquilidad…

De "Alambique de vestigios"
Editorial Quadrivium
Francisco J. Picón
Todos los derechos reservados